“El profesor y yo” – Una historia real
by Pablo on junio 17, 2010
in Escuela para escritores
“Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.”
Buda (563 AC-486 AC) Fundador del budismo.
Foto cortesía: Adam UXB Smith
La siguiente es una historia real.
Yo nací siendo escritora. Tengo entendido que algunos escritores no nacen sino “se hacen”, pero yo fui rápida en ello. Sabía lo que quería ser.
Mi madre estuvo bastante enferma durante mi niñez. Tenía dos hermanos y una hermana (todos más jóvenes que yo) y me dedicaba a entretenerlos contándoles historias desde que mi padre se negó a comprar esa “caja idiota” que para él era la televisión. No solía escribir mis historias cuando estaba en preescolar, pero durante mis primeros años de aprendizaje, cuando apenas tenía seis años, solía agarrar el periódico de los domingos y leer las caricaturas. Brenda Starr era la mujer más inteligente que podía imaginar. Su trabajo periodístico la llevó a países extranjeros, le pagó suficiente para poder permitirse un fabuloso estilista, ropa íntima increíble y su novio, Basil St. John, estaba siempre metido en alguna jungla para dejarla seguir su carrera.
Para cuando alcancé el bachillerato toda mi familia y mis maestros me apoyaban en mi sueño de convertirme en periodista. Me brillaban los ojos y tragaba libros sin masticarlos con la ingenuidad de un chica de 17 años. Debí haberlo visto venir, pero no lo hice.
Bajo la recomendación del jefe del departamento, fui escogida para participar en un seminario de escritura creativa dirigido a estudiantes avanzados y que daría un profesor de Harvard que estaría en el campus durante seis meses. Yo era la única estudiante de primer año del grupo.
Después de un mes de lecturas y de pequeñas asignaciones, se nos pidió que escribiéramos nuestra primera historia corta. Las historias serían leídas en voz alta y criticadas por el resto de la clase. Yo no tenía idea de que yo era la “cristiana”. Ellos eran los leones.
La noche anterior a la lectura de mi historia corta, el profesor me llamó por teléfono y me pidió que fuera a su oficina para “una pequeña conversación”.
Este excelente profesor, con sus seis pies de alto, chaqueta a cuadros con parches de cuero en los codos, anteojos y voz resonante, me ordenó que entrara y me sentara. Mis posaderas aún no habían tocado la silla cuando arrojó la carpeta que contenía mi historia corta contra el escritorio con tanta fuerza que ésta aterrizó en mi regazo.
“Francamente, señorita Lanigan, su escritura apesta”.
La impresión me hizo contener mis lágrimas. Las ahorré para después. “¿Qué hay de malo con ella?” pregunté mordiéndome los labios.
“Usted no tiene la más mínima idea sobre estructuras o sobre la construcción de personajes. Cómo pudo ser usted recomendada para este curso es algo que escapa a mi entendimiento. No tiene nada qué hacer aquí. Una cosa es segura: Usted jamás ganará un céntimo como escritora.”
“¿No hay nada que valga la pena en el texto?”
“Le concederé que su descripción es agradable”, dijo con desdén.
¿Agradable? Me sentí como Catherine en el Washington Square en la parte en que su padre le ha pagado a su amante y ella escucha las ruedas del carruaje sobre los adoquines y su padre dice: “No te preocupes Catherine, al menos tus bordados son agradables”.
La visión de Brenda Starr con su pasaporte sellado se desvaneció rápido. Yo nunca había considerado otras opciones en mi vida. Yo sólo tenía un sueño. Era una misión. Era mi vida. Retorciendo mis manos peleé contra las lágrimas (sin mucho éxito) y pregunté: “¿Qué haré?”
“No lo sé. Pero,” alzó su dedo triunfante en el aire, “usted es afortunada señorita, porque yo la he conseguido en la encrucijada de su vida. Sus padres están gastando una gran cantidad de dinero en su educación. Usted no quisiera que ellos desperdiciaran tal cantidad de dinero y tiempo en algo que no hace bien ¿Correcto?”.
“No”.
“Le sugiero un cambio mayor. Abandone el periodismo”.
“¿Y hacer qué?” Esataba consternada en mis pensamientos.
“Podría convertirse en una enfermera”.
Los recuerdos siempre me han eludido. No estoy segura de lo que estaba haciendo en ese instante, pero lo miré directo en el ojo y me dije: “Podría ser profesora”.
Decidí ser razonable.
“Señorita Lanigan, estoy consciente del hecho de que usted ha declarado su intención de convertirse en una estudiante summa cum laude. Para lograr eso, no puede obtener nada inferior a una B en esta clase. [Y para entonces tenía puras A en todas mis otras materias] Ni siquiera podría lograr eso sin una gran cantidad de ayuda… que venga de mí. Yo le permitiré pasar mi clase con una B si usted me promete jamás volver a escribir”.
En el ojo de mi mente, Brenda Starr se había ido. Todo lo que vi fue un túnel oscuro boquiabierto como mi futuro. Me sentí muerta por dentro. Siendo una católica devota, fui educada para acatar la autoridad bajo cualquier circunstancia, incluyendo la lógica.
Yo no sabía que estaba viendo la cara del diablo, pero lo estaba. Sabía que me estaba pidiendo mi alma, pero yo era muy inexperimentada en tratos con el diablo. Quería mi escritura. Y quería el summa cum laude.
“Ok”, dije débilmente.
Tomé mi historia corta y me fui al dormitorio. Agarré una lata de metal que servía para tirar la basura, unos fósforos y me fui al techo. Era de noche. Quemé mi historia corta y le prometí a Dios mientras subían las cenizas que más nunca volvería a creer en sueños infantiles. Sería inteligente. Utilizaría la lógica. Si había algo que no pudiera ver, saborear, masticar y escupir, jamás volvería a creer en nada otra vez.
Durante catorce años jamás escribí. En su lugar, leí absolutamente todo lo que me pasaba por las manos. Si no podía escribir por mí misma, leería todo lo que otras personas con talento y coraje podían hacer.
En el verano de 1979 estaba en San Antonio con mi familia el fin de semana después de que Judge Woods hubiera sido asesinado por Lo Ángeles del Infierno. Todos los periodistas, productores de televisión y de películas estaban en el lugar. Sentados debajo de una sombrilla, alrededor de la piscina había un grupo de escritores e hice algo que nunca antes tuve la asertividad de hacer. Me acerqué a ellos y dije: “Sólo quiero que sepan que pienso que lo que ustedes hacen es el trabajo más importante del mundo. Para ser honesta, siempre quise ser una escritora”.
Uno de los escritores, con un cigarrillo en la boca me miró y dijo: “Si quisieras ser escritora, estarías escribiendo”.
“Oh, está bien. Una gran autoridad me dijo que yo no tenía talento para escribir”.
“Quién te dijo eso”, preguntó.
Le relaté mi anécdota con el profesor. Finalmente dijo: “Estoy avergonzado de ti. Ni siquiera lo has intentado. Aquí está mi tarjeta. Si alguna vez escribes algo, llámame”.
Estoy avergonzado de ti.
De todas las frases que utilizaba mi madre para hacer sentirme culpable, ésa era la que me ponía en acción. Cuando regresé a casa compré una resma de papel, una caja de bolígrafos y comencé a escribir una novela sobre la Primera Guerra Mundial. Puesto que no poseía ninguna máquina de escribir, pedí una prestada a un amigo y escribí en ella cuatrocientas páginas que luego envié al escritor. Él me llamó un mes más tarde y me dijo: “Leí tu manuscritor y es bueno. Se lo envié a mi agente, ella te va a llamar en media hora”.
Treinta minutos después, Kathy Robbins me llamó y me dijo: “Catherine, eres extremadamente talentosa”.
El shock prevaleció por segunda vez en mi vida. Me preguntó si yo quería mi libro en “tapa dura” o “tapa blanda”. Tal vez deberíamos ir por “contrato”. Los términos industriales me golpeaban como una metralleta. Finalmente la detuve y le pregunté: “¿Esto significa que le gusta?”
“Sí. Y quiero firmarte con mi agencia hoy mismo. Te enviaré el contrato. Pienso que puedo vender esto para Navidad”.
Y lo hizo. De hecho hubo dos compañías editoriales pujando por el libro. En septiembre de 1999 cumplí veinte años escribiendo y veinte novelas publicadas incluyendo: “Romancing the stone”, “Jewel of the Nile” y “Wings of Destiny”.
Conocí a un psicólogo en un lugar en el que trabajé por unos días antes de que mi carrera de escritura me diera un suelo económico estable, quien me explicó algo sobre el incidente con el profesor “¿Acaso no ves lo que ocurrió? Su respuesta fue de ira y violencia. Coartarte de ese modo sólo significa que estaba celoso. Él pudo ver en ti, algo que él mismo no tenía. Él vio tu talento.”
La verdad es que no sé nada de eso, pero aprendí que los escritores hacemos algo de la nada. Convertimos sueños en realidades. Ésa es nuestra naturaleza, nuestra misión, nacemos para ello.
Y más nunca renunciaré a mi sueño. Nunca.
Catherine Lanigan.-
Nadie nace escritor. La escritura no puede ser intriseca a la naturaleza de alguien, no es un fenomeno biologico. El acto de escribir es cultural, es aprendido, es una acción intelectual. Catherine Lanigan no habría “nacido escritora” si hubiera nacido en el seno de una familia de una tribu centroafricana sin escritura. Me repatea el “yo nacie para…”.
Un escritor ha de ser inteligente. Una gran inteligencia, bien dirigida, da lugar a grandes libros, o grandes cuadros, o grandes descubrimientos científicos o filosóficos.
Catherine Lanigan fue educada en un mundo de escritura. La escritura es una valor en nuestra sociedad.Este valor le llamó la atención y ocupó su tiempo. Con el descubrimiento de la lectura descubrió un placer en ella y, más tarde, un placer en la escritura. Y con la satisfacción de sus propias letras, el interés por aprender, por mejorar… llego al punto de asimilar hasta tal punto la escritura que la creyo desde siempre como parte de ella.
Todas vuestras ideas politicas, vuestros principios, vuestras ideas del bien y del mal, vuestros gustos, vuestars pasiones, vuestras formas de ver el mundo, ni siquiera vuestro oficioha nacido con vosotros.
Mozart compuso con 5 años, pero la musica no fluía pro sus venas, al menos no cuando nacio. La formación musical que tenía para aquel entonces no la tiene ningun niño actualmente. Tenía capacidades, quizas fueron las mejores capacidades con la mejor educación pero, cambiandole de entorno, hoy podríaser poeta, escritor, filósofo o simplemente un tipo inteligente que no trascendió.
Si alguien cree que ha nacido para algo, que por favor de un repaso a lasociología y la antropología.
Perdón por el tocho, pero necesitaba expresarme.
Aw… aw… Esta historia me llegó; hacía ya mucho tiempo desde que un relato no me conmovía tanto. Gracias por subirlo, ahora si se lo que tuve que saber desde hace mucho: con decir “quiero ser escritor” no basta si no pongo manos a la obra… Keep going foward my boy, peace
David: En lo que a mí respecta no tienes por qué disculparte. Concuerdo totalmente contigo en que nadie “nace” escritor. Sin embargo, creo en la vocación y en el “talento” natural.
Stephen King dijo una vez al respecto que “el talento es tan común como la sal de mesa, lo que hace falta es gente que esté dispuesta a trabajar en su talento”… yo opino igual.
Me encanta cuando una discusión se pone “sabrosa” gracias a las posiciones bien argumentadas (y tu comentario ha estado excelente).
Gracias por tu aporte.
Miguel: ¿QUÉ ESPERAS ENTONCES? ¡A ESCRIBIR SE HA DICHO! (Y no dejes de invitarnos al bautizo de tu primer libro)
Discutamos pues (amablemente claro está)
¿Qué es el talento natural? Si con esto nos referimos a la característica de esas personas que les dices “escríbeme que hiciste ayer” y que, sin nunca haberse planteado el hecho de escribir por escribir (Como pasa con los estudiantes de entre 12 y 17 años), te entregan un relato que, por alguna razón, pueda resultar interesante, nos estaremos equivocando.
Este tipo de talento es aprehendido, NO es natural. Natural implica que sea propio desde nacimiento, que sea biológico. Toda característica natural propia de cada ser humano no variaría en función de su entorno. Pasa así con la raza, el color de los ojos, la cantidad de bello… Todo lo que viene determinado genéticamente.
En cambio nadie podría tener un “talento natural” para escribir en una sociedad ágrafa. Este talento del que hemos hablado antes, que se descubre muchas veces en la adolescencia, es aprendido. Es su educación lo que impulsa a dirigir su inteligencia a las letras. De todas formas no se si es posible determinar que hace que un niño se sienta más cómodo descubriendo la literatura respecto a las ciencias o a las artes plásticas. Supongo que sus vivencias, su entorno, las inquietudes que le transmitan sus padres a cerca de la vida (sus padres o cualquier otra persona con más experiencia que les eduque, consciente o inconscientemente). Las causas se entremezclarán de forma complicada, tendrán mucho que ver con la formación de la personalidad. Y si bien es cierto que tal vez este talento aprendido quizás se construya de manera tan compleja que sea muy difícil dirigirlo hacia un ámbito, eso no lo convierte en natural.
Y este talento, esta vocación con la que nos encontramos de golpe, repito, muchas veces en la adolescencia, es lo que hay que explotar.
Freno de momento que ya me he vuelto a extender. Copiando tu estilo Pablo y dándonos la mano en pensamiento con Stephen King y Friedrich Nietzsche, dice este último:
“Yo amo a quienes hacen de la virtud vocación y destino, porque viven para su virtud y no intentan vivir fuera de su virtud.”
Vivamos pues nuestra virtud.
Concuerdo prácticamente con todo lo que dices. Sin embargo, me pregunto si las palabras “talento natural” se podrían adjudicar correctamente a la primera persona que tenga la idea de un alfabeto en una sociedad “ágrafa”.
Usando tus propias palabras: “no sé si es posible determinar que hace que un niño se sienta más cómodo descubriendo la literatura respecto a las ciencias o a las artes plásticas (…) Las causas se entremezclarán de forma complicada, tendrán mucho que ver con la formación de la personalidad”.
Me confieso ignorante en la génesis de lo que he llamado (con osadía) “talento natural”… pero creo firmemente en que ciertas personas desarrollan (por las razones que sea) una vocación que si no es canalizada de algún modo, genera una sensación desagradable.
Me hago eco de tu última frase: “Vivamos pues nuestra virtud”.
Yo tambien desconozco la genesis del talento, pero puesto que la naturaleza es imposible q sea un factor, quitemosle ese adejtivo. Otras posivilidades: Talento adquirido, talento desarrollado inconscientemente, talento aprehendido…
Quien desarrolle la primera idea de alfabeto en una sociedad agrafa no tiene talento natural para la escritura. Ese avance es fruto de unas necesidades de una sociedad, de una busqueda, de una investigación, no estaba el alfabeto en la naturaleza de la persona, quizás si una inteligencia mayor y, a posteriori una educación en explotarla. lo mismo que el que inventó por primera vez un arco, no es un talento natural para desarrollar armas, es sólo hambre e inteligencia.
Me maravilla lo que las limitaciones hacen para el hombre. Un pintor se limita a emplear el color sobre una superficie plana, prescinde de todas las demás cosas que conforma la realidad (olor, sonido, volumen,temperatura…) pero consigue hablar hacerca de conceptos amplisimos.
Pongamos limitaciones a los genios y a disfrutar viendo cómo maravillosamente se las arreglan.
yo tengo 17 años pero desde los 15 empese con esto deser escritora tuve dos años para ponerme a escribir, eos dos años los use para leer no creo que tenga anda que ver con que los padre o alguien te lo inculque, por que con la gente que con vivo no lee mucho o no e de su agrado, es ma bien la curiosisdad de la vida de ser comprendido de saber expresarte correctamente para que los demas puedan entenderlo, a lomejor puede que ustedes digan esta niña no sabe nda y si yo siento que me meto en algo que nose pero.. si lo piensan un poco quien mejor para decirles algo de la adolecencia que alguei como yo.. bueno gracias
por cierto miguel yo tambien puse manos ala obra con eso…
espero que te baya bien
p.d. me llamo sarahi, espero estar en contacto con ustedes
Realmente la historia me llegó de cerca. Muy de cerca.
Estoy terminando lo que sería mi primera experiencia laboral en un colegio privado, educando adolescentes que tienen mucho por aprender y un largo camino por recorrer.
Aunque no puedo salir bien de este establecimiento ya que me han renegado una y otra vez por mi falta de experiencia, por las mil y una equivocaciones que tuve, inclusive ¡me han sugerido que cambiase de carrera! y que me busque otra cosa porque para lo que estaba haciendo no servía. “No servís”: creo que no hay premisa tan descalificadora, tan humillante para un novato de parte de un directivo o alguien con más experiencia. Realmente me sentí muy mal.
¿Por qué estudié Profesorado en Letras? Porque amo la Literatura y tanto la lectura como el ‘escribir’ son placeres inmensos que Dios proporcionan a las almas sensibles y sencillas.
Felicitaciones por el Blog! Sinceramente me encanta.