El hombre en busca de sentido

by Pablo on Febrero 5, 2010
in Lector Compulsivo

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: La última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino – para decidir su propio camino”
Viktor Frankl (Extracto de “El hombre en busca de sentido).-

“El amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo.  Que esté o no presente esa persona, que continúe viva o no, de algún modo pierde su importancia”
Viktor Frankl (Extracto de “El hombre en busca de sentido).-

La primera vez que leí sobre este libro, tenía 14 años; ojeaba entonces el clásico (publicado en 1989) de Stephen Covey “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” y en las primeras páginas el autor afirmaba (palabras más, palabras menos) que nadie te puede insultar si tú decides no sentirte ofendido, que nadie te puede quitar tu libertad si tú decides no entregársela… para mí aquella lección fue toda una revelación, más aún cuando utilizó el ejemplo real de un hombre, un psiquiatra judío, quien había pasado por un campo de concentación Nazi durante la segunda guerra mundial… y que había llegado a tales conclusiones, dejando su testimonio en un libro: “El hombre en busca de sentido”.  Más adelante, mientras leía material sobre liderazgo y desarrollo personal, tarde o temprano daba recurrentemente con refrencias al mismo libro del famoso psiquiatra: Dr. Viktor Frankl. Read more..

¿Por qué “El lector compulsivo”?

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído
Jorge Luis Borges.-

Dentro de cada escritor (y especialmente dentro de cada aspirante a escritor), existe un ser extraño que necesita estar leyendo constantemente. Leer, leer, leer, leer y seguir leyendo. Ese ser lee por ocio, por curiosidad, por tristeza, por alegría, para olvidarse del mundo en el que vive y para conocerlo más a fondo.

Para ese ser (que yo denomino “el lector compulsivo”), leer no se trata de un hábito sino de un vicio.

Un hábito es algo que se hace con regularidad, casi siempre a la misma hora y el mismo lugar, aunque se interrumpe si surge algo de mayor relevancia. Un vicio no. Un vicio es algo que se hace con tanta exagerancion que incluso se descuidan otros asuntos de “mayor importancia”. No tiene horario establecido ni patrones que lo gobiernen, no goza de metodología, no responde a necesidades ni a costumbres, se hace incluso de modo inconsciente por una especie de programación que va más allá de los reflejos condicionados. Un vicioso no es capaz de dejar su vicio fácilmente (generalmente porque no desea dejarlo), un vicioso se consume en su vicio descuidando su salud, para el vicioso no existe nada más importante que el vicio cuando está enviciado.

Para el lector compulsivo, leer es un vicio. Y todo escritor tiene un “lector compulsivo” dentro de él.

Una última cosa: todo vicioso se siente más cómodo junto a otros viciosos que comparten su vicio. Es por eso que se la pasa recomendando su vicio a otras personas, para “iniciarlas” y hacer más grande su alegría.

En mi caso, “el lector compulsivo” no puede dejar de recomendar libros a cualquiera que desee “escucharlo” (o leerlo si al caso vamos). Así que lo lamento: debo dejar que el lector compulsivo escriba sobre su vicio. No pienso pelear con ese vicioso. Él les dará la bienvenida a quienes compartan su vicio.

PD.- ¿Se dieron cuenta de cuantas veces utilicé la palabra “vicio” y sus derivados en este texto? ¡QUÉ VERGUENZA!

Matar a un ruiseñor

“La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno.”
Harper Lee (de su novela “Matar a un ruiseñor”).-

…a veces (y eso me pasa muy a menudo) debo llevar el peso de encontrar algo maravilloso… sin poder compartir el momento.

No sé. Sería como estar completamente solo, contemplando el atardecer más hermoso que has visto en tu vida. Cuando termina, lamentas no haber tenido a nadie a tu lado mientras estuviste callado, inmóvil y absorto por tanto tiempo. Simplemente disfrutaste de un espectáculo. Y jamás nadie podrá “entender” lo que viste, porque nadie estuvo contigo. Bueno, leer un buen libro es algo muy parecido. Lo haces durante horas, solitario y absorto. Al final sientes que la experiencia de pasar la última de sus páginas podría llegar incluso a cambiar tu vida. Y no tienes a nadie para compartir tus sensaciones.

En el caso de los libros al menos existe una esperanza: Puedes recomendar el libro a tus amigos, y si ellos lo leen y “viven” lo mismo (o al menos algo parecido) a lo que tú viviste al leerlo… bueno, si eso pasa, sabrás que no estás solo.

No pienso hablarles de la historia que trata el libro. Prefiero que ustedes mismos la descubran. Sin embargo hay algo que me llama PODEROSAMENTE la atención y que sí les quiero comentar. Y es sobre la persona que escribió el libro. Se trata de una mujer. Una periodista llamada “Harper Lee”.

Harper Lee, es norteamericana. Antes de publicar la novela que les voy a recomendar, JAMÁS había publicado nada. En otras palabras, ella debutó con esta novela. El año: 1962.

Ese mismo año, su novela ganó el premio “Pulitzer”.

Al año siguiente “Universal Studios” compró los derechos para hacer una película basada en el libro. La película se llevó dos óscares: mejor guión y mejor interpretación masculina.

Como verán, después de semejante éxito, Harper Lee se convirtió en un “estrella” del mundo editorial. Tenía garantizado vender CUALQUIER COSA que publicara durante el resto de su vida. Eso fue hace más de cuarenta años. Y aún seguimos esperando su segunda novela.

Me explico: la autora de semejante éxito, JAMÁS ha vuelto a publicar nada. Escribió una sola y gran novela. Un único libro (que acabo de terminar de leer) y que considero una verdadera obra de arte, además de ser entretenida, divertida, dramática y fácil de leer.

Es una de las mejores obras que he leído. Y aún no termino de entender por qué alguien con semejante talento fue capaz de dejar de publicar. Imagino que no le gustó la vida de “estrella” y que ha seguido escribiendo para sí misma. Ojalá y que cuando muera, sus familiares comiencen a publicar las historias que escribió durante toda su vida. No sé. Tal vez es posible de que tuviera miedo de no ser capaz de “superarse a sí misma” después de su novela debutante.

O tal vez, dijo en una sola obra todo lo que “sintió” que tenía que decir. Creo que fue Oscar Wilde quien dijo que para escribir se necesitan sólo dos cosas: “Tener algo qué decir, y decirlo”.

Al final las razones no importan. Estoy seguro de que ella piensa que hizo lo correcto al escribir esa novela. Y que sigue haciendo lo correcto al no publicar nada más.

…les recomiendo que (si les gusta leer) le den una oportunidad a esta obra.

La obra: “Matar a un ruiseñor”.

Dicen que la película también fue buena. Pero yo siempre he preferido los libros. Al final no importa lo que diga la mayoría en las decisiones personales. Y leer es una decisión personal de cada uno de nosotros.

Caracas, 01 de octubre de 2006.-

1984

“Ésta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno. ”
Arthur C. Clarke.-

La novela que me leí esta semana se clasificaba supuestamente como “Ciencia Ficción” o como “Novela política”…. estoy en desacuerdo. 1984 debería ser calificada como una novela de terror.
La vaina asusta.

Y asusta precisamente por la fuerza de su argumento. Y porque, hasta cierto punto, parece que ese futuro imaginado por George Orwell hace más de 50 años, se acerca a nosotros con pequeñas variaciones. Es más, hasta me parece un futuro inherente a la condición del “ser humano”. Y eso es lo que me asusta.

¡Dios! Menos mal que de viernes para sábado sólo dormí dos horas (ente 4 y 6 de la mañana). Porque cuando terminé de leerme 1984 la noche del sábado estaba tan cansado que me quedé dormido sin problemas. Si no hubiera sido por ese trasnocho, me habría costado dormir… mucho. Tenía miedo de ver la imagen del “Gran Hermano” en las pesadillas que he dejado de tener.

Sólo sigo preguntándome algo: ¿Acaso dos personas con distintos niveles de vocabulario serán capaces de ver el mismo mundo? ¿Acaso es posible que nuestro vocabulario determine nuestro mundo o nuestra realidad?… ¿Acaso es posible? ¿El lenguage es tan importante así, que es capaz de eliminar nuestra propia libertad de modo inconsciente con un “vocabulario construído para tal fin”?

Porque si el lenguage es así de importante… entonces estamos condenados a la estupidez y a la “inconsciente esclavitud” del “Gran Hermano”. Si no me creen, visiten una sala de “chat”.

Caracas, 08 de octubre de 2006.-

La larga marcha

“Vale más vivir y morir de una vez, que no languidecer cada día en nuestra habitación bajo el pretexto de preservarnos”
Robert Louis Stevenson.-

Cuando Stephen King estaba recién casado, trabajaba por un sueldo miserable y no sabía si podría pagar la medicina para las infecciones en los oidos que sufría su bebé. Su esposa hacía de camarera en un restaurante muy poco elegante. Él llegaba todas las noches después de su jornada laboral y se sentaba a escribir haciendo equilibrio en una mesa pequeña. Los King no tenían teléfono porque no podían darse ese lujo. Sin embargo Stephen seguía enviando sus manuscritos a las editoriales y recibiendo rechazos constantes sin sorprenderse por ello. Fue durante este período que escribió “La larga marcha” (una novela que también fue rechazada por los editores en aquel momento).

La larga marcha, es la historia de una carrera, una competencia sin mucho sentido aparente. Se supone que el ganador obtendrá un premio magnífico. Para los perdedores no habrá un premio de consolación. Todo aquel que no gane, sencillamente morirá. Nadie está obligado a participar, quienes se encuentran en la carrera así lo han escogido; pero una vez que la competencia comienza (al inicio del libro) no hay modo de librarse de ella con vida y sin ganar.

¿Y quién entra en una competencia como ésa? Bueno, supongo que tendrán que leer el libro para conocer a los personajes. Sin embargo, yo creo que habría un requisito común en los competidores: “la búsqueda de sentido”. Hay algo que vale mucho más que la vida, y esa es la paradójica razón que nos mantiene vivos. Una vida sin ningún propósito es insoportable. Hay algo que se persigue y por lo que vale la pena, no sólo morir, sino desgastarse día y noche, sufrir y ser torturado, soportar que el resto del mundo nos odie o nos ame hasta acosarnos. Llámese: libertad, autosatisfacción, verdad, amor, dinero o cualquier otra idea pendeja. Hay algo que nos inspira a seguir caminando incluso cuando físicamente nadie se explica cómo es posible que soportemos el desgaste.

Una de los motivos por los que esta novela es tan desconcertante, se debe al descubrimiento de esa razón en sus últimas páginas. Aunque, como en casi todo, lo importante no es el final sino cómo se recorre el camino hacia éste.

Supongo que escribo sobre “La larga marcha” porque (además de ser una historia excelente para pasar un buen rato, de fácil lectura y que te eriza los pelos), finalmente he descubierto que, desde cierto punto de vista, todos estamos en esa carrera. El gran premio es distinto para cada competidor. Hoy pienso que los personajes que describió King como “los concursante de la larga marcha” no se diferencian mucho de “los espectadores”. King refleja su propia desesperación ante la vida; las continuas veces que se preguntaba: “¿Fue a esto a lo que vine al mundo? ¿A que mis textos sean rechazados y a lavar sábanas de hospital el resto de mi vida?”

Supongo que todos nos preguntamos a veces si vinimos a este mundo a hacer lo que estamos haciendo. Los chicos que participaron en “La larga marcha” se fijaron un objetivo y decidieron alcanzarlo aunque se les fuera la vida en ello. Por supuesto que (por tratarse de una competencia) sólo uno podría lograrlo.

La primera vez que leí el libro (hace unos cuantos añitos) me pareció una historia buenísima. Hoy no me parece la gran vaina como historia, pero la considero una excelente metáfora de vida.

Creo que hablar sobre esta novela es un buen modo de “inaugurar” esta página.

Los dejo por el momento con la esperanza de recomendarles un mejor libro para la próxima. Se me hace tarde. Aunque tengo mis zapatos deportivos puestos se me acaba el tiempo antes de que suene el disparo en la línea de partida. Me comprometí a participar en una carrera yo también.

Y voy a marchar en ella.

Deséenme suerte. No saldré vivo a menos que llegue a la meta.

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