Cuando la realidad se convierte en un sueño…

by Pablo on mayo 10, 2010
in Multimedia

“Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad.”
Ninon de Lenclos (1620-1705) Cortesana francesa.

Qué terrible es esto de querer decir algo y encontrar que el castellano no es suficientemente rico para describir tus sentimientos… cómo lo digo?… ¿Cómo le digo al mundo lo que se siente recibir tu llamada en medio de la boda de un primo y salir (sin pensarlo dos veces) a tu encuentro?

-Oye…
- Ajá.
-Vámonos a Choroní a ver el amanecer…
-Es una locura recorrer esa carretera a esta hora… pero vámonos -te contesté con una sonrisa.

Las curvas del camino tuvieron aroma a bosques y el sonido de la Sereneta Guayanesa con nuestras manos entrelazadas. Yo iba vestido en traje formal… me despojé de mi camisa, saco y corbata para quedar con la franela que siempre llevo debajo.

-¡Qué cómico te vez caminando hacia la playa con zapatos de suela!
-(risas)…soy el propio “Gringo” extraño con pantalones finos de tela en la arena… esta vaina parece una película.

Y allí quedamos sentados en la playa contemplando el amanecer uno al lado del otro.
- Esto no parece real… -dijiste- …todo es demasiado perfecto.

Mis ojeras quedaron registradas mientras jugábamos con la filmadora del celular para que quedara una prueba de nuestra aventura contemplando el sol saliente a la orilla del mar….

Desayunamos frugalmente, entre besos furtivos y el calor de la mañana. El regreso tuvo el sabor de tus labios y la compañía de una canción de Coldplay. Un árbol gigante caído en la vía, trancó la carretera por unos minutos…pero sólo sirvió para enriquecer la experiencia. Me gusta pensar que hay un mensaje encerrado en ese obstáculo superado tan fácilmente.

Hoy veo lo que grabamos con la cámara…. y aún sigo pensando que lo que vivimos hace ocho días se parece más a un sueño que a una experiencia de la vida real.

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Para la “Gente de a pie”

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar.”
Antonio Machado (1875-1939) Poeta y prosista español.-

Gente de a pie” es una organización que se ha dedicado a formentar la “infociudadanía” en Venezuela… en otras palabras: Ellos enseñan a los ciudadanos de este país a usar las herramientas que existen en internet para poder transmitir sus voces al mundo entero…

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Un fondo de pantalla

“Se alcanza el éxito convirtiendo cada paso en una meta y cada meta en un paso.
C.C. Cortéz.-

Sólo un fondo de pantalla que adorna mi computadora desde el año pasado. Lamentablemente desconozco al autor del mismo.  Si alguien sabe algo de su autor, agradezco cualquier información para rendirle el crédito que merece.

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Mi primer libro: Retazos

Los editores de música, literatura, películas, software y televisión son como los canarios que daban la señal de alarma en las minas de carbón: las primeras bajas de una revolución que está extendiéndose por todos los sectores industriales“.
Don Tapscott, Wikinomics

Un libro es un libro aunque venga en formato electrónico.

Si eres una de las personas que me ha acompañado en este sitio durante los últimos tres años y medio, te advierto que “Retazos” no es material nuevo, sino la recopilación de mis textos favoritos que ya no están la página web… la novedad tal vez está en el modo en que los he organizado y las fotos con que los he ilustrado (todas tomadas por mí mismo o por mis amigos, a quienes desde aquí agradezco por su colaboración).

Puedes descargarte el PDF haciendo click aquí… espero que lo disfrutes.

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El río

“…de los misterios del río no vio más que uno ese día, un misterio que lo impresionó vivamente. Vio lo siguiente: Aquella agua fluía y fluía sin cesar, y a la vez estaba siempre ahí ¡Era siempre la misma aunque se renovara a cada instante! ¿Quién podía entender ese misterio?”
Hermann Hesse (Extracto de “Siddhartha”).-

Foto cortesía: RonAlmog

Había una vez un hombre joven que, cansado de la vida en la ciudad, decidió alejarse de todo. Un buen día, sin decirle nada a nadie, partió sin rumbo definido.

Caminó durante varios días sin poder salir de la ciudad, descansando sólo cuando el agotamiento de su cuerpo se lo exigía. El joven intentaba no pensar en nada mientras hacía su camino, pues para él lo importante era “mantenerse en movimiento”. Pasaron los días y las noches, las semanas se convirtieron en meses y sin que aquel joven se diera cuenta, los meses se convirtieron en años y él, seguía caminando sin salir de la gran ciudad.

Una noche, justo antes de dormir, no pudo evitar observar un pensamiento que se coló en su conciencia disfrazado como un deseo: “Quisiera volver al bosque en el que nací. La ciudad es tan grande que no parece tener fin”.

A la mañana siguiente reanudó su camino, deseando estar de vuelta en su bosque natal. Pocas horas depués, llegó a la frontera de la ciudad. Su corazón se llenó de alegría. Tras mucho tiempo de constante caminar, finalmente había logrado abandonar la ciudad. El joven siguió caminando con más ímpetu que antes, pues ahora se sentía más cerca de su antiguo hogar.

Mientras avanzaba en su jornada, otro pensamiento disfrazado asaltó su mente. El pensamiento se había disfrazado de temor: “Tengo miedo de no reconocer el sitio en el que nací”, pensó el hombre joven, “muchos años han pasado desde que salí del bosque, tengo miedo de que todo haya cambiado”.

Y sucedió que el joven llegó a un bosque que a primera vista sintió como su antiguo hogar, pero que no reconoció del todo como tal. Los árboles eran más grandes y los caminos verdes más angostos. Los animales se veían distintos y los frutos de los árboles tenían también nuevos sabores. El hombre joven sintió confusión y desasosiego, pero siguió caminando. Llevaba tanto tiempo evitando pensar, que ya no era consciente de que lo hacía.

Se levantaba en las mañanas, caminaba por el bosque sin pensar y se acostaba a dormir en las noches.

Un día llegó a un río. Un anciano barquero le dio la bienvenida sobre una balsa y le ofreció sus servicios para cruzar el río. El aceptó, pues sintió que debía hacerlo para continuar su camino. El río era ancho, y caudaloso, apenas se veía a lo lejos la otra orilla.

El hombre joven fue asaltado por un nuevo pensamiento, esta vez el pensamiento se presentó sin disfraz alguno: El anciano le agradaba. El joven pensó que había algo en la cara de aquel hombre que irradiaba serenidad y alegría. Y eso lo hizo sentir bien.
- ¿De dónde vienes? – preguntó el anciano.
- De la ciudad – contestó el joven.
- ¡Qué bien! -dijo sonriendo- ¿Y a dónde te diriges ahora?
- La verdad es que no lo sé.
- Eso sí que es un problema -replicó el barquero tras soltar una ligera carcajada- un problema muy grave.
- ¿Por qué?
- Porque si no sabes a dónde vas, entonces jamás llegarás a ninguna parte.
- Pero he llegado hasta aquí -respondió el hombre- y sólo buscaba huír de la ciudad.
- No se llega a ningún lugar solamente huyendo de otro. Algo más debiste haber pensado para poder llegar hasta aquí.

El joven recordó los meses que estuvo caminando sin poder dejar la ciudad… y pensó que, tal vez el anciano tenía razón.

- Pero si no sé a dónde quiero llegar ¿Significa eso que jamás terminaremos de cruzar el río?
- No -respondió rápidamente el anciano-, claro que no. El río lograremos cruzarlo en cuestión de media hora más o menos.
- ¿Por qué está tan seguro?
- Porque conozco el trayecto y además -dijo guiñándole un ojo al chico-, porque yo si sé a dónde voy.
- ¿Y a dónde va?
- Voy a la otra orilla del río.

Durante varios minutos, ninguno de los dos pasajeros dijo nada más. Sólo se escuchaba el chapotear del agua contra la barca y la respiración del viejo barquero que sudaba bajo el sol con una ligera sonrisa en el rostro. Finalmente, el hombre joven se atrevió a hacer otra pregunta.

- ¿Y qué hará al llegar a la otra orilla del río?
- Pues regresar a la orilla anterior.
- Eso no tiene sentido.
- ¿En verdad lo crees?
- Claro que lo creo. Usted en realidad no se está moviendo, lo único que hace es viajar entre dos puntos. Siempre regresa al anterior tras haber alcanzado uno de los dos.
- ¡Ah! -suspiró el anciano- ¡No te engañes hombre joven! Tal vez te parece que no me estoy moviendo, pero yo sé que me muevo más que tú, pues siempre sé a dónde voy y jamás se trata del mismo viaje ¿Acaso tú puedes decir lo mismo?

El joven se quedó sin palabras.

- Dime la verdad -prosiguió el anciano- ¿Qué es lo que persigues? ¿Qué es lo que realmente anhelas en tu corazón?
- Quiero ser feliz -contestó el joven- ¿Usted es feliz?
- Sí que lo soy. Encontré la felicidad hace mucho tiempo. Y decidí quedarme a su lado.
- ¿En dónde encontró la felicidad? ¡Por favor dígame!
- Podría decírtelo… pero no lo entenderías.
- ¡Por favor! -dijo el hombre joven ya cerca de la orilla- ¡Por favor! ¡Prometo valorar sus palabras y esforzarme por entenderlas! Dígame ¿En dónde encontró la felicidad?

El anciano se sintió conmovido ante la súplica de su pasajero. Se acercó a él y dijo en un susurro: “En el río”, volvió a guiñar el ojo mientras ayudaba al joven a bajarse de la barca, “amo este río”.

El joven se quedó en la orilla pensativo, mientras el anciano regresaba su camino.

Y aquí viene la parte extraña de este cuento.

Yo caminaba un día en el bosque que queda cerca de la pequeña ciudad en la que nací, cuando vi la cosa más extraña que he visto en mi vida. La he contado un par de veces, pero ninguno de mis amigos me cree. Francamente, me importa poco que me crean… yo sé lo que vi. Y sé que fue real.

Vi a un joven a la orilla del río. Parecía que estuviera contemplándolo pensativo. No sé por qué, me quedé observándolo sin que él lo notara. Permanecimos largo rato así. Él mirando hacia el río, y yo mirándolo a él.

Estaba a punto de proseguir mi camino cuando algo llamó mi atención -y ésta es la parte fantástica del asunto-, la piel de aquel joven comenzó a aclararse bajo la luz del sol mientras profundas manchas de sudor aparecían en su ropa. Su camisa y pantalones pronto estuvieron empapados de agua mientras su piel se seguía tornando tan clara que se podía ver a través de ella.

Me acerqué sin dar crédito a mis ojos (como dicen por ahí). Lo que antes había sido el cuerpo de aquel hombre joven, ahora era una masa de agua flotando en el aire. Me pellizqué el brazo para ver si estaba soñando y me hice un hematoma que prueba que no lo estaba. Seguí caminando hacia él, pero no llegué a tocarlo. Su cuerpo de agua se disolvió y cayó en el río.

Es la cosa más extraña que visto en mi vida.

Algunos de mis amigos me preguntan cómo supe todo esto (puesto que sólo vi la última parte del cuento). Bueno… podría decirles la verdad, pero no me entenderían.

Y la verdad es que aquel joven se convirtió en parte del río sólo al principio, pues en realidad una vez que estuvo en el río, su cuerpo se evaporó hasta formar una nube que viajo a la ciudad. Cuando llegó a la ciudad, la nube se hizo lluvia refrescando a todos los que vivían en aquel lugar.

La verdad es que el hombre joven finalmente halló su felicidad al precipitarse por completo sobre el lugar del que había decidido huir. Y, según me contaron, ahora continúa haciéndolo. Viaja hasta el río, se evapora y se vuelve a dejar caer para llevar frescura en los días calurosos a la gente de la ciudad.

¿Todavía quieres saber como es que sé esta historia? Vale… te diré la verdad, pero debes prometer valorar mis palabras y esforzarte por entenderlas… la verdad… la verdad es que el río mismo me lo contó.

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