BLAZE
by Pablo on mayo 10, 2010
in Lector Compulsivo
“La atmósfera había cambiado. Era como si un fantasma deambulara libremente por la estancia. No el fantasma de alguien que se había ido, de alguien que hubiera muerto, sino el fantasma de alguien que estaba por llegar”.
Stephen King.- (Extracto de Blaze)

Es por este tipo de historias que amo la obra de Stephen King.
La portada de este libro se asemeja más a un cartel de cine que promociona una película barata de terror para adolescentes que a una obra literaria. La silueta de una casa que parece vieja y abandonada, adornada por un árbol de ramas secas en la oscuridad junto a una carretera, le da la bienvenida al lector. “Una imagen así, vende muy claramente el contenido”, pensé… y, sin embargo, la historia resultó mejor de lo que esperaba.
King es uno de los escritores más exitosos y prolíficos de nuestra era. Como todo buen artista que supera la prueba del tiempo (el primer libro de King fue publicado en 1974) ha logrado evolucionar. Sus lectores constantes somos testigos de ello. Un texto de Stephen de los años 80 sabe diferente a uno escrito por él en el nuevo milenio. “El Rey” se ha superado en muchos aspectos, pero por otra parte, también ha perdido con los años parte de su encanto. Mi etapa favorita de King es la de finales de los setenta y principios de los ochenta (qué raro yo ¿no?), los cuentos y libros publicados en aquella época aún reflejan la ingenuidad de la juventud de un chico de Maine que desea ser escritor y que adora con religiosa devoción lo extraño, lo fantástico, lo desconocido y lo sobrenatural. Son obras que tratan de chicos que crecieron sin tomar conciencia de ello, que abordan la maldad como una parte inherente a las buenas intenciones del ser humano y en donde siempre hay un modo de seguir adelante, e incluso sobrevivir, sin importar cuán difícil esté el panorama o lo terrible que luzca una situación.
Blaze es una de esas historias… y tiene que serlo. Apenas al abrir el libro uno se encuentra con la advertencia realizada por el propio King “éste libro lo escribí cuando todavía publicaba bajo el pseudónimo de Richard Bachman”… y eso fue a principios de los ochenta. Sólo ahora ve la luz de la imprenta porque el autor pensó en aquel entonces que la historia era una basura. El propio autor reconoce que no se trata de una obra trascendental, sino simplemente de una historia entretenida, de esas que somos capaces de digerir en un viaje de avión especialmente largo o que podemos llevar en el bolsillo cuando hagamos la cola para hacer un trámite en un ministerio y que nos hará sentir que las horas pasaron volando. Eso me gusta… de eso se trata el oficio de narrar historias… al menos en buena parte.
Blaze es un tipo que asustaría a mucha gente. Un hombre joven que hubiera sido inteligente si su padre no lo hubiera golpeado hasta causarle una lesión cerebral. El protagonista de este relato es un gigantón medio retrasado mental de unos dos metros de alto. Su mejor amigo, George, es un estafador de poca monta que lo acompaña constantemente y con quien mantiene conversaciones todo el tiempo. George siempre le dice a Blaze lo que debe hacer… pero hay un detalle: George está muerto… y Blaze sigue hablando con él.
Blaze sabe que George murió, pero aún así lo ve a menudo. En la mañana al hacer el café, al comprar en la tienda de la gasolinera y hasta cuando George va al baño para “hacer un depósito”… En ocasiones Blaze le hace preguntas y George no contesta. El gigante bobo recuerda entonces que su compañero está muerto…
La infancia de Blaze se retrata sin seguir un hilo lineal, al estilo de un moderno Oliver Twist. Es casi imposible no sentir simpatía por el chico que crece en un orfanato rodeado de admiración y temor por sus compañeros. Se narran las aventuras típicas de un muchacho que no sabe en qué momento dejar de ser niño para convertirse en hombre… King siempre ha tenido una gran habilidad para eso… sabe ver la niñez que existe en los adultos.
Éste es el panorama de la obra. El argumento se desarrolla cuando Blaze decide llevar a cabo el “último golpe”, ése que George había estado planificando para retirarse y, como dicen los cuentos de hadas, “vivir felices por siempre”. El golpe: Secuestrar un bebé (el único heredero de una familia multimillonaria).
Ambientada en una época en la que no existen los celulares y con imágenes de un bruto gigante comprando teteros y cambiando pañales, es una historia bastante creíble a pesar del fantasma de George que deambula por sus páginas. Yo me compro la historia… definitivamente sí me creo que algo así podría pasar en la vida real. Es una novela corta, fácil de leer y que muy probablemente no cambiará la vida de nadie, capaz de entretener, conmover y hacer pasar un buen rato a todo aquel que desee despejarse de su diarismo para disfrutar la magia de la lectura.
Si eres de los que no tienen tiempo para leer nada que “no te sea de provecho” para tu formación, entonces no la leas ni por el carajo. Si lo que deseas es divertirte y entretenerte, puede que te guste… a mí me encantó.
Es una historia sencilla y bien escrita. Vale la pena… especialmente para los lectores de Stephen King.
PD.- Supongo que el video que puse para ilustrar la obra fue hecho por un fan. De acuerdo a lo que investigué, no se está realizando ninguna producción cinematográfica sobre este libro… todavía.
Apocalipsis, fiebre porcina y Stephen King…
by Pablo on mayo 10, 2010
in Lector Compulsivo
“La probabilidad de contagio era del 99,4%, pensó… el organismo humano no estaba en condiciones de producir los anticuerpos necesarios para detener a un virus antígeno de mutación constante.. Por esa razón, sería imposible elaborar una vacuna.”
Stephen King (Extracto de su novela “Apocalipsis”).-

Cuando este libro llegó a mis manos hace casi ocho años atrás, me impresionó que tuviera mil doscientas noventa y ocho páginas… eran muchas… pensé que podría tardar varios meses leyéndolo… pero me lo devoré en un poco más de dos semanas. Es excelente.
En algún lugar leí que de acuerdo a la llamada “crítica especializada”, “Apocalipsis” es el mejor libro de King. En lo personal “It” me gusta más (aunque hay que tomar en cuenta que para cuando “la crítica” dijo eso, aún Stephen no había finalizado su saga de “La Torre Oscura”… que sin duda es su mejor obra).
“Apocalipsis” trata (al menos al principio) sobre un virus gripal que acaba con el noventa y nueve por ciento de la humanidad. De hecho es superdivertido leer como, apenas empezando la historia, el mundo se va cayendo a pedazos. Las descripciones son intensas, la adrenalina te recorre el cuerpo al leer, los personajes son profundos y bien estructurados y la debacle de una civilización que nos es familiar y que desaparece entre mocos, resfriados y toses no permite que te separares de las páginas… (Pregunto: ¿Algún parecido con algo que pudiera pasar en la realidad?…)
No soy el único que opina que “Apocalipsis” guarda cierta similitud con todo esto de la gripe porcina (al menos con la parte paranoica). Muchos blogueros están especulando al respecto (échenle un ojo a estos enlaces: uno, dos, tres, cuatro, cinco…). Es obvio que este libro de King refleja el miedo a un virus incurable… pero (y perdón si ofendo a alguien con esta opinión) sería de imbéciles pensar que lo que ocurre en “Apocalipsis” es exactamente lo que pasa hoy en el mundo.
De hecho, la tasa de mortalidad de la gripe porcina es MUY BAJA (apenas de un cinco por ciento… MUCHA MÁS GENTE MUERE A DIARIO por desnutrición, accidentes de auto u otro tipo de enfermedades que por el virus N1H1 (investiguen y verán que es cierto). Eso significa que aunque se expanda completamente por el planeta, el mundo NO SE ACABARÍA.
Otro punto en cuenta a tomar es que el fin del mundo por el virus no es , ni remotamente, el tema central de este libro de King, sino la introducción a la verdadera historia que ocurre después. “Apocalipsis” habla de la lucha del bien y el mal y el modo en que los humanos reconstruiríamos la sociedad después de una hecatombe… desde mi punto de vista es una historia llena de esperanza. Un largo relato que enseña (de forma muy sutil) que siempre habrá modo de reponerse a la peor de las catástrofes y que (Dios sabe que es cierto), la vida sigue a pesar de todo… y vale la pena darse la oportunidad de estar vivo.
Me importa poco si todo este asunto de la gripe porcina se trata de una conspiración de empresas multinacionales o de cumplir la profecía subliminal hecha por Hollywood de que cuando un presidente negro se montara en la Casa Blanca ocurriría un desastre mundial (vendrían los extraterrestres, se descongelarían los polos o, como lo quieren hacer ver ahora, un virus destruiría media humanidad)… “Apocalipsis” es un libro excelente… y no va a pasar nada serio con todo este jaleo que se está armando por la gripe.
Y no va a pasar nada precisamente debido al jaleo… si hubiera medio millón de contagiados y trescientos mil muertos habría razones para preocuparse por la expansión de la enfermedad… Pero con tantas medidas de precaución es muy difícil que ocurra algo. Tal vez hay algo de cierto en las conspiraciones… y tal vez algunas personas poderosas también piensan que “Apocalipsis” de Stephen King es un libro excelente.
Cell
by Pablo on mayo 10, 2010
in Lector Compulsivo
“No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.”
Alejandro Dumas.-

En un día cualquiera como hoy ocurre un “incidente” (por llamarlo de alguna manera) que se propaga sin control a través de todos los teléfonos celulares del mundo. El resultado es una suerte de apocalipsis. El fenómeno llamado “el pulso” afecta a todas las personas que tienen un celular convirtiéndolas en algo parecido a los “muertos vivientes” de las películas de George Romero que luego desarrollan una especie de conciencia colectiva como si se tratara de una manada de animales. Sin embargo, hay personas que sobreviven.
Cell, el más reciente libro de Stephen King (publicado apenas el año pasado 2006), narra la historia de uno de estos sobreviventes.
El argumento de la novela recuerda un poco a “The Stand” (para muchos su mejor libro, aunque yo prefiero “It”). Definitivamente “Cell” no es de sus mejores obras, pero es una historia que recoge los elementos típicos que el autor ha desarrollado previamente. Y, debo decirlo, es un buen libro en su género.
“Cell” está cargado de violencia gráfica (algunas escenas llegan a ser tan fuertes que rayan en lo repugnante), un buen sentido del humor y un mensaje muy claro sobre la importancia de la esperanza.
El final de “Cell” es algo desconcertante. Me gustaría poder discutir con alguien si se trata o no de un final feliz (como en el caso del final de “El señor de las moscas” de William Golding, ganador del Nóbel). Digo… parece que todo ha salido bien; pero al leerlo con cuidado, la incertidumbre deja que el lector proyecte su propio final.
Me atrevo a especular que la “conciencia colectiva” que desarrollan los “muertos vivientes” pudiera ser una crítica soslayada al comunismo. Pero aunque ése fuera el caso, dudo que King lo hiciera intencionalmente.
Nuevamente creo que el autor, cuestiona el papel de “Dios” como creador de la raza humana al narrar esta historia. Sobre lo poco que podemos hacer para controlar las calamidades de la naturaleza, y sobre lo mucho que podemos hacer para controlar nuestro propio destino ante las adversidades.
Si quieres leer una historia cargada de violencia, humor, sangre y situaciones forzadas sin mucho sentido (como las que a veces tiene la vida misma); entonces te lo recomiendo sin dudas. Si lo tuyo es leer solamente obras profundas como “Los Miserables” o literatura de “autoayuda” como “¿Quién se comió mi queso?” entonces olvídalo. Este libro no es para ti.
“Cell” es una obra de fantasía sacada de la vida real (como si pudiera existir fantasía de otro tipo), si no soportas la realidad con sus desesperanzas, su toque de humor estúpido y sus cambios bruscos incoherentes, difícilmente podrás soportar la fábula de un mundo sin teléfonos celulares.
“Cell” ilustra cómo es posible que haya gente que prefiere morir antes que cambiar su estilo de vida… también me hizo recordar las palabras de François de la Rochefoucauld (el escritor francés), el mismo que dijo que “La esperanza y el miedo son inseparables”.
Un último detalle. Hace poco me enteré de que King (aún siendo uno de los escritores más ricos del mundo) no usa teléfono celular.
Maracay, 3 de febrero de 2007.-
La larga marcha
by Pablo on mayo 10, 2010
in Lector Compulsivo
“Vale más vivir y morir de una vez, que no languidecer cada día en nuestra habitación bajo el pretexto de preservarnos”
Robert Louis Stevenson.-

Cuando Stephen King estaba recién casado, trabajaba por un sueldo miserable y no sabía si podría pagar la medicina para las infecciones en los oidos que sufría su bebé. Su esposa hacía de camarera en un restaurante muy poco elegante. Él llegaba todas las noches después de su jornada laboral y se sentaba a escribir haciendo equilibrio en una mesa pequeña. Los King no tenían teléfono porque no podían darse ese lujo. Sin embargo Stephen seguía enviando sus manuscritos a las editoriales y recibiendo rechazos constantes sin sorprenderse por ello. Fue durante este período que escribió “La larga marcha” (una novela que también fue rechazada por los editores enaquelmomento).
La larga marcha, es la historia de una carrera, una competencia sin mucho sentido aparente. Se supone que el ganador obtendrá un premio magnífico. Para los perdedores no habrá un premio de consolación. Todo aquel que no gane, sencillamente morirá. Nadie está obligado a participar, quienes se encuentran en la carrera así lo han escogido; pero una vez que la competencia comienza (al inicio del libro) no hay modo de librarse de ella con vida y sin ganar.
¿Y quién entra en una competencia como ésa? Bueno, supongo que tendrán que leer el libro para conocer a los personajes. Sin embargo, yo creo que habría un requisito común en los competidores: “la búsqueda de sentido”. Hay algo que vale mucho más que la vida, y esa es la paradójica razón que nos mantiene vivos. Una vida sin ningún propósito es insoportable. Hay algo que se persigue y por lo que vale la pena, no sólo morir, sino desgastarse día y noche, sufrir y ser torturado, soportar que el resto del mundo nos odie o nos ame hasta acosarnos. Llámese: libertad, autosatisfacción, verdad, amor, dinero o cualquier otra idea pendeja. Hay algo que nos inspira a seguir caminando incluso cuando físicamente nadie se explica cómo es posible que soportemos el desgaste.
Una de los motivos por los que esta novela es tan desconcertante, se debe al descubrimiento de esa razón en sus últimas páginas. Aunque, como en casi todo, lo importante no es el final sino cómo se recorre el camino hacia éste.
Supongo que escribo sobre “La larga marcha” porque (además de ser una historia excelente para pasar un buen rato, de fácil lectura y que te eriza los pelos), finalmente he descubierto que, desde cierto punto de vista, todos estamos en esa carrera. El gran premio es distinto para cada competidor.
Hoy pienso que los personajes que describió King como “los concursante de la larga marcha” no se diferencian mucho de “los espectadores”. King refleja su propia desesperación ante la vida; las continuas veces que se preguntaba: “¿Fue a esto a lo que vine al mundo? ¿A que mis textos sean rechazados y a lavar sábanas de hospital el resto de mi vida?”
Supongo que todos nos preguntamos a veces si vinimos a este mundo a hacer lo que estamos haciendo. Los chicos que participaron en “La larga marcha” se fijaron un objetivo y decidieron alcanzarlo aunque se les fuera la vida en ello. Por supuesto que (por tratarse de una competencia) sólo uno podría lograrlo.
La primera vez que leí el libro (hace unos cuantos añitos) me pareció una historia buenísima. Hoy no me parece la gran vaina como historia, pero la considero una excelente metáfora de vida.
Creo que hablar sobre esta novela es un buen modo de “inaugurar” esta página.
Los dejo por el momento con la esperanza de recomendarles un mejor libro para la próxima. Se me hace tarde. Aunque tengo mis zapatos deportivos puestos se me acaba el tiempo antes de que suene el disparo en la línea de partida. Me comprometí a participar en una carrera yo también.
Y voy a marchar en ella.
Deséenme suerte. No saldré vivo a menos que llegue a la meta.