Quiero ser escritor

Cuento

CADÁVERES

            “¡Oh!...
                        amada mía.

            Que lea esto aquel que fue mi amigo, aquellos que pretendieron serlo y yo nunca les dejé.  El aire que respiré, el mismo que inhalaba y exhalaba compartiéndolo contigo que estás en mi mano, el aire que te llevaba mi aliento cada mañana, cada tarde, cada instante que vivía; el aire que me brindaba tu aliento cada noche, cada amanecer; ese aire fue mi amigo.  Tu olor al principio tan profundo, tan intenso, tan suave, la sutileza de la suavidad que se iba marchitando a mi lado con el pasar del tiempo y que sin embargo jamás perdió su aroma, su esencia misma.  Sepa el mundo que ahora lee mis palabras que haber dormido junto a un cuerpo muerto no fue insano si hubo amor, no trato de justificarme pero pretendo que aquellos que se sientan identificados con este monumento en ruinas y caído, no sufran los mismos pesares por los que pasé.

            Todo comenzó una tarde de verano a una hora que nunca debió existir, una hora que marcó la pauta del cambio en la vida de este pobre infeliz.  Sus ojos me hechizaron como un veneno dulce y mortal, su cabello y su esbelto cuerpo me hicieron feliz al condenarme para la eternidad a este terrible sufrimiento.  Maldigo al mundo reprimido que no entiende mis razones pues a partir de ese hermoso y fatal instante fui libre para siempre.  Libre dentro de mi propia prisión.  Una flor más bella que el mismo Edén, un capullo apenas empezando a abrirse en un cuerpo que no merecía ser mío, ser mío, ser mío.

            Sin embargo tomé la flor y la llevé a mi casa y la cuidé.  La alimentaba, le cantaba y la arrullaba con la mayor ternura de que fui capaz.  Malvado sea el creador del cuerpo tosco y mortal que nos ha sido dado pues no sirvió de mucho para mantenerla viva.  Nada es para siempre.  Terrible consuelo de tontos, sólo la eternidad lo es, la eternidad del letal reposo.

            La contemplaba a la distancia tratando de sentir su aroma cada día más lejano y apagado, como la luz que se oculta tras la luna nueva.  Nadie es capaz de percibirla bien, salvo los seres de la noche que pueden ver en la oscuridad y volar hasta el infinito para tocarla, besarla y sentirla.  Ella fue mi amante, lo confieso, esa luna transparente llena de la luz oscura que se oculta en el cielo de un corazón igual de profundo, mi corazón, esa luna; fue mi amiga.  Adiós luna, siempre te querré.

            Sus pétalos caían sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, sin embargo su olor y esencia permanecían.  Lejos de mi poco poder, lejos de mi terrible secreto yo dormía con ella aunque nunca la toqué sin cuidado, al final ya no quería tocarla para no hacerle daño y así la conservé, lo más intacta posible junto a mi propio lecho y así se mantuvo aletargada en un sueño profundo y constante que perdura hasta hoy.

            Sé que está viva aunque no me lo crean, pues cuando la sujeto en mi mano siento algo que no existe con ninguna otra, siento el alma que permanece en ella y que no se separará jamás de ahí; por eso os pregunto mundo: ¿No es el alma la esencia de la vida? luego, si hay alma hay vida aunque no se vea la vida, como a veces no se ve el alma.  Yo puedo contemplar su alma y sentir que ella contempla la mía.  Aunque no puedo ver su vida.

            El rojo que había en su cuerpo se ha tornado purpúreo y oscuro.  Junto a mi propia cama durmió hasta el día de hoy que le tengo en mi mano en donde siempre estará por los siglos de los siglos, pues jamás la soltaré luego de que funda mi propia existencia inmortal junto a la suya.  El rojo de su cuerpo era tan intenso, tan hermoso, lo extraño.  Lo extraño muchísimo.

            Nunca pude tener el mínimo valor para hablarle, me tuve que conformar con tomar la flor y conservarla.  Maldigo mi cobardía.  Pero en esta segunda oportunidad no seré así.  Esta vez he de hablarle y de entregarle el cuerpo que veneré en su nombre hasta este día.

            Como los amantes de Verona nuestros cuerpos estarán amada mía.  Pero esta vez, será distinto pues a través de los pétalos que se han caído, he aprendido muchas cosas.  Ahora será para siempre, una segunda oportunidad.

            De mi mano, a la tuya florecerá el capullo que se marchitó sin conocer la vida.  Impaciente estoy de estar contigo, de liberarme de esta prisión que me ha sido encomendada cuidar y trabajar.  Estoy harto, pronto seré libre y estaré contigo.

            Mundo: Adiós; no separéis mi mano de mi amada y entended que si la tuve en mi alcoba más allá de la muerte fue porque ella era lo único que tenía del amor que nunca tuve.”

            El cielo estaba nublado aquella tarde en que lo encontré.  Al principio creí que estaba llorando y de hecho estoy casi seguro de haber escuchado un llanto que me pareció de histérica alegría.  Era el llanto de un desquiciado liberado de una prisión.  Bajo la sombra del olmo, el viento ondeaba mi sobretodo.  La brisa era tan fuerte que los árboles parecían doblarse en aquella dirección.  Los pocos rayos de luz parecían concentrarse hacia aquel lugar.  Era como si una fuerza sobrenatural centrara todo en aquella parte del cementerio, podía sentir que había una fuerza que arrastraba mi mente y mis pasos hasta esa tumba.

            Allí pude ver a un hombre acostado sobre la fresca y verde grama del campo santo, a un hombre manco de una pierna y de rostro sumamente desfigurado.  Estaba muerto.  En su mano izquierda había una nota, era la nota con la que empieza este relato.  En su mano derecha una flor.  Una rosa igualmente desfigurada por la mano del tiempo, sus pétalos habían pasado del rojo al púrpura y se notaba a simple vista que había muerto hace mucho tiempo, sin embargo, hay algo que aún no puedo explicar, aquel olor.  Un olor profundo y excitante, un olor de paz y de alegría, era como el aroma que se respira en una floristería atestada de rosas, pero había en esa esencia algo más que aún no puedo identificar.  Algo que me parece oler todavía cuando estoy solo y que a veces siento que ha pasado a ser parte de mí.

            La tumba era de una mujer.  Una hermosa dama que en vida fuera enfermera en un hospital de beneficencia.  Ella no tenía más familia que sus hermanos y jamás se le conoció un novio.  El hombre desfigurado que se hallaba sobre su tumba había sido su paciente, él sufría de ataques epilépticos y además era mudo.

            El astro rey había estado descendiendo rápidamente como sucede en la época del año en que la muerte sorprende a quienes menos la esperan.  Sin embargo, mientras estuve parado contemplando aquella escena, el sol también se detuvo junto a mí e iluminó directamente la tumba de la amada de aquel desfigurado.  La sombra del olmo se proyectaba hacia el horizonte como mi propia existencia.

            Su cara estaba húmeda y sus ojos se veían rojos y con grandes ojeras.  Un sufrimiento atormentó a este hombre hasta que murió de tanto llorar, hasta que él pensó que la muerte era su mejor elección.  Al verlos, me convertí en una estatua que adornó el cementerio durante el infinito segundo de su existencia.

            Entonces, di media vuelta y le dije a mi esposa: “Gracias amor, gracias a quien corresponda por habernos permitido amarnos mutuamente.  Siempre te amaré.”  Luego, deposité sobre su tumba una rosa nueva que había comprado y fue cuando aquel aroma invadió mi ser hasta este día.

            Me he despertado muchas veces en las noches soñando aquel instante una y otra y otra vez.  He vivido mi vida desde entonces y postrado ahora en mi cama ha llegado el momento de decir: “¡Oh!... amada mía. ...”

Acuario.-
(escrito en 1996).-

 

Si tienes alguna sugerencia o pregunta, escríbeme| 12 de diciembre de 2006 | ©2006 Todos los derechos e izquerdos reservados